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Parashát Ki-Tavó GRATITUD
por Rav Daniel Oppenheimer
La tía Clara es conocida como la generosa de la familia. Nunca se
olvida de los cumpleaños, de los aniversarios y de toda buena ocasión
en la que se pueda obsequiar algo. Dany, el sobrino, sabe que en el día
de su cumpleaños, bien temprano a la mañana, la tía ya se va a hacer
presente en casa con un enorme paquete (la tía no sabe de regalos
pequeños) y un gran beso que quedará bien marcado en la mejilla para
que se entere todo el vecindario de la muy grata visita...
Cada año se repite la escena. Dany, muy entusiasmado y curioso por ver
qué es lo que le trajo la tía este año, se dedica precipitadamente a
romper el envoltorio y disfrutar del obsequio olvidando el mundo de su
alrededor. Acto seguido, la mamá se enoja - avergonzada - y le
reprocha: ¡¿Cuántas veces te tengo que recordar que le digas gracias
a la tía?! Entonces Dany, con un toque de rubor, se acerca a la tía
Clara y le dice en voz apenas perceptible: Gracias, se da vuelta, y
sigue gozando entusiasmado de su nuevo presente. La tía, como de
costumbre, responde que está bien, no importa, aun cuando no está muy
convencida de lo que dice.
¿Por qué cuesta tanto decir gracias? ¿Es un problema de los niños que
no se acuerdan de los buenos usos y modales de la sociedad de los
adultos, o hay algo más profundo?
Y... ¿existe algún obstáculo que dificulte la práctica de agradecer?
Quizás Ud. crea que no es tan difícil reconocer pues vemos que mucha
gente educada decimos gracias cuando corresponde. Sin embargo,
subsiste otra pregunta:
¿decir gracias equivale a agradecer?
MIDOT vs. MODALES
A tal fin, debo aclarar un concepto que suele ser confundido por el
público. En el judaísmo, y en particular en el mundo de las Ieshivot
(casas de estudio) se suele hacer hincapié en el perfeccionamiento de
las cualidades humanas. Es lo que se denomina en hebreo midot. Una de
las Midot de las cuales hablamos, es el sentimiento y la demostración
de gratitud por todo lo que recibimos de terceros. Sobre ello se habla
en numerosos lugares de la Torá. Ya volveremos sobre este tema.
Midot no son modales. Modales son los gestos que nuestra educación nos
enseña, y se reducen a ser eso: gestos, para que los vean los demás.
Los gestos, si bien no son malos, se limitan a demostrar algo al
prójimo y ayuda en muchas instancias a que el otro se sienta bien,
como, por ejemplo en este caso, con el hecho que la tía Clara reciba su
merecido reconocimiento por su acto de bondad con Dany. Sin embargo,
los gestos pueden llegar a ser hipócritas, pues al estar internalizados
y provenir de la conciencia de la persona, suelen fingir o simular
sentimientos inexistentes. Decir gracias, entonces, puede convertirse
en una simple usanza o costumbre de una sociedad, sin que provoque
algún cambio o mejoría en la profundidad del alma.
Las midot, por otro lado, no están relacionadas con lo que ven los
demás, sino que, en su esencia, se vinculan con la intimidad moral y el
crecimiento ético de la persona. En el caso de la gratitud, ese
sentimiento ayuda a vencer la soberbia indebida de la persona y su
prepotencia. Para aquel que se cree invulnerable e insuperable, la
gratitud por todo lo que recibe de fuentes ajenas, le hace tomar
conciencia que está sometido y es dependiente del mundo que lo rodea no
menos que cualquier otro ser. Sentir genuino agradecimiento es entonces
una obligación aun cuando la persona a quien uno retribuye, no está
enterada del tema.
GRATITUD
En Parshat Ki Tavó, nos encontramos ya al comienzo de la lectura con la
obligación del campesino de traer los primeros frutos de ciertas
especies que rinde el campo al Bet HaMikdash (templo de Jerusalém) y
ofrendarlos en un canasto (los Cohanim se los llevan y los consumen).
Al momento de presentar estos frutos delante del Mizbeaj (altar), el
productor declara ante su Creador que retribuye el hecho de haber
sido redimido de Egipto, de haber heredado la tierra de Israel y de
haber sido bendecido con la abundancia de los frutos de la tierra.
GRATITUD: Una acción que beneficia más formando al que agradece que a quien se agradece
Una de las demostraciones más contundentes por las que aprendemos que
el agradecimiento que espera la Torá de cada uno de nosotros no se
limita a verbalizar la palabra gracias, sino que está relacionado con
un esmero moral interno, se encuentra en el hecho de que Moshé delegó a
Aharón la tarea que le encomendó Ds de realizar las primeras tres
plagas de Egipto (sangre, ranas y piojos). Los Sabios entienden que la
razón de esta cesión de misión, radica en que Moshé se había salvado
del decreto del Faraón de arrojar a los niños al agua (que luego se
convertiría en sangre y de la cual saldrían las ranas) y que el polvo
(que luego produciría los piojos) le había permitido ocultar al egipcio
cruel al que había matado en cierta oportunidad. Ni el agua, ni la
tierra sienten que les están agradeciendo. Es Moshé mismo a quien la
ejecución de la plaga utilizando los elementos que oportunamente le
ayudaron, es censurable. Un pozo del cual haz bebido agua, no le
arrojes tierra - dicen los Sabios en el Talmud (Bava Kama 92 .
La Torá nos sigue dando evidencias de esa línea de pensamiento. Según
los Sabios, los perros reciben el premio de consumir la comida taref
(no apta para el consumo de los judíos) gracias a que no ladraron
cuando los judíos abandonaron Egipto (Shmot 22:30). Con los borricos
primogénitos se aplica la ley del rescate (por medio de una oveja ante
el Cohen), por haber cargado con enormes bultos que llevaban los
israelitas al abandonar Egipto (Shmot 34:20).
De todos modos, la exigencia, va más allá y es más frecuente de lo que
acabamos de describir. Cada mañana, al despertar, declaramos Modé
aní, nuestro reconocimiento al Creador por haber recibido nuevamente
nuestro alma. Bendecimos por la comida antes de consumirla y antes de
levantarnos de la mesa. Existe una Brajá por un paisaje extraordinario
y por los aromas que disfrutamos. Recitamos una bendición cada vez que
salimos del baño habiendo nuestro cuerpo cumplido con sus necesidades
fisiológicas. Agradecemos a Ds, a los seres humanos y no despreciamos
siquiera el beneficio que recibimos del mundo inerte.
Acorde a esa percepción, parte de la razón de la obligación de respetar
a los padres surge del agradecimiento por la preocupación constante que
ellos tuvieron por nuestro bienestar, por las noches en vela que
pasaron para alimentarnos y protegernos, cambiarnos los pañales,
llevarnos a la escuela, confortarnos frente a nuestras enfermedades y
dolencias, consolarnos ante nuestros fracasos, animarnos ante nuestros
temores, prepararnos para la vida, por sus enseñanzas morales, etc.
¿Cuál es el mayor impedimento a la gratitud? La percepción instintiva
de ser superhombres, y, por ende, la sensación de infalibilidad por
la que si necesitamos de otros, ponemos de manifiesto que no somos
autosuficientes. El hecho de agradecer, da por tierra estos delirios
arrogantes de grandeza. Efectivamente somos limitados, no podemos
hacerlo todo solos, y esto le da oportunidad a otros de asistirnos.
Siguiendo en este camino de reflexión, podemos agregar que el mero hecho de saber agradecer,
especialmente en un mundo que se caracteriza por conducirse de modo
opuesto, se considera un privilegio en si mismo. Es por eso que en el
rezo de Modim (agradecimiento) de la repetición en voz alta de la
Amidá, terminamos diciendo que: Modim anajnu laj... al sheanajnu modim
laj (Te agradecemos por el hecho que Te podemos agradecer...).
El R. Jaim Shmuelevitz szl, Rosh Ieshivá de Mir, solía tocar el tema
de Hakarat haTov que estamos tratando aquí con frecuencia.
Obviamente, en su vida personal, esto se mostraba en los hechos. En
cierta oportunidad, durante su último año de vida cuando su salud
estaba muy frágil, se acercó a su departamento un conocido, R. Meir
Kleiman, que colaboraba con él en sus alocuciones públicas del Bet
HaMusar (un lugar de estudio de temas éticos), para anunciarle el Brit
Milá de su nieto. En la puerta, la Rabanit le pidió al señor que no lo
invitara a R. Jaim, pues su salud no permitía tales esfuerzos. La
persona comprendió y se retiró. A la otra mañana, cuando llegó al Brit
Milá, se encontró con que R. Jaim ya estaba presente! No entendía nada.
Resulta, que R. Jaim escuchó la conversación desde el departamento.
Cuando le preguntó a la esposa por qué había venido ese señor, ella le
comentó del Brit Milá. R. Jaim insistió en ir. Cómo puedo faltar a su
momento de alegría, cuando cada vez que él dice Tehilim en público de
manera tan hermosa, siento una inspiración especial... (In the footsteps of the Maggid de R. Paysach Krohn Artscroll/Mesorah)
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