Muda de asombro, y con una sonrisa enorme, agradezco, javer, el envÃo de este cuento. Salvando lo anecdótico, podrÃa suscribir cada renglón. Y casi que lo anecdótico también. Las Sonatas de Scarlatti, que me hacen evocar una parte importante de mi infancia. Y, cuando deja de importar el creer o no, porque la cola al cabo de la cual esperamos nos hace formar parte, inexcusable, irrenunciablemente, del único de los grupos humanos posibles.
Y, en fin, una obsesión por la espera que roza lo psicótico, lo anormal. Una obsesión por la espera que, a veces, nos consume la vida. Una espera, sin embargo, al cabo de la cual está el más fulgente de los horizontes. Una espera que, a despecho del horizonte, a despecho de la misma cola, esa cola muda que no sabe qué espera, a despecho del mundo, no se puede dejar de esperar.
Gracias, gracias desde el corazón.