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¿CARIDAD? EL VERDADERO SENTIDO DE LA JUSTICIA
 

Tsedakáh (de la raíz de "tsedek", justicia): Mal traducida por "caridad", es "el acto de entrega que hace justicia".

La concepción judía de la "caridad" no refiere a ese acto -que tiende a ser soberbio- en que alguien entrega "de lo suyo propio" a otro, que necesita más o tiene menos. Porque nos enseña la Toráh que nada es "lo suyo propio", sino que todo cuanto poseemos y todo cuanto contamos (sea riqueza material, sabiduría, capacidad oratoria o gran destreza manual, etc.) no es sino recursos que nos provee el Creador para que los administremos con justicia; para que hagamos justicia; para que nos consagremos activa y materialmente en la Toráh, tal como lo hacemos en el plano espiritual.

De tal modo, no es "generosidad espontánea" el origen motor de la verdadera Tsedakáh, sino que ésta debe nacer de la certeza plena de que sólo para dar a nuestra vez se nos ha dado y se nos da, de que sólo para entregar recibimos, de que no se concentran recursos en nuestras manos sino para que demostremos que somos capaces de compartir.

Enseñan los Baaléi HaTósfot en relación a parashát Trumáh, que hay tres tipos de personas (tres tipos de actitudes) que dan Tsedakáh, y que son simbolizados en la Toráh con los tres metales: Zaháv (oro), Kesef (plata) y Nejóshet (cobre).

En primer término, se encuentra "quien da cuando está sano"; ésto es: no cuando se siente urgido por una pena, un temor, un dolor. Da, sin que nada circunstancial le urja a dar. Este se equipara con el oro, cuyo nombre hebreo es "notaricón" (acróstico) de "Zeh hanotén barí": Este es el que da (estando) sano.

En segundo término, se encuentra "quien da cuando está enfermo"; "késef" es acróstico de "kesheroEh sakanáh, potéaj": "Cuando ve el peligro, abre (su mano)" porque siente la necesidad de generar mérito para que el Creador le rescate del trance circunstancial en que se encuentra.

Por último, "nejóshet" -el cobre- es acróstico de "nedavát joléh sheOmér tnú": el regalo del enfermo, que agonizante ordena dar de lo suyo tras su muerte.

¿Dónde radica realmente la diferencia? Más allá de la cantidad, a la postre, todos "dan". Sólo que a la acción de justicia no es indiferente el espíritu con que se la realiza; e indudablemente, es mucho más plena la acción de quien vence la avaricia cuando no hay circunstancia especial que le empuje a hacerlo, ni miedo, ni incertidumbre que vencer.

Tal es la importancia de la entrega por sí misma (más allá de la disponibilidad, más allá de que se sea rico o pobre), que el Sefer Jasidím (inciso 61) dice: "Un pobre que no dispone de recursos materiales como para dar abundante tsedakáh, ha de cumplir la mitsváh entregando esfuerzo", trabajando para beneficiar a aquél que necesita más que él.

Y el Talmud Ierushalmi (Tratado de Brajót, 37a) consigna, en palabras de Rabí Irmiáh, que: "Quien toma sobre sí ocuparse de las necesidades de quienes se dedican a la Toráh, es considerado como si él mismo se dedicara a la Toráh plenamente".

(CCL) daniEl I. Ginerman, publicado originalmente en http://eduplanet.net/mod/forum/discuss.php?d=139

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